Aunque algunas personas quieran ver en las corridas de toros un acto cultural no son más que un acto de barbarie que nos degrada como seres humanos. Por lo tanto, aplaudo la medida y me congratulo de que el Parlamento catalán haya prohibido la lidia. Quienes se enfurecen con la medida y hablan de la belleza de la fiesta parecen ignorar el sufrimiento del toro. A estos, les vendría bien leer el espléndido artículo de González Ledesma: La memoria del llanto, publicado en este mismo periódico hace ya un tiempo; en él, el escritor deja patente la humillación y tortura a la que se somete a los animales que están en
El País: Debate sobre política.


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