miércoles, 20 de octubre de 2010

De actrices, modelos y cuerpos-yogur

T- Ahora quiero que me escuches bien. Te voy a dar algunos datos relacionados con la anorexia que, como sabes, es una enfermedad que afecta más a las mujeres que a los hombres.
P- Sí, ya me he dado cuenta. Aquí en la planta sólo hay mujeres.
T- Es verdad, a pesar de que alguna vez hemos tenido algún chico. Hay que tener en cuenta que por cada diez chicas que lo son, sólo hay un chico. Y además ellos pocas veces llegan a tener un peso tan bajo que nos obligue a ingresarlos.
P- ¿Y eso por qué?
T- Bueno, a los hombres no se les exige que tengan un cuerpo delgado; se les exige un cuerpo musculoso. En cambio a las mujeres os exigen unos cuerpos andróginos, con caderas estrechas y muslos delgados, lo cual es justo lo contrario de vuestra naturaleza, porque precisamente en estas zonas es donde se os acumula más grasa. El cuerpo normal de una mujer no es el de las modelos que ves en las revistas.
P- Sí, pero ése es el cuerpo que quiero porque no soporto el cuerpo femenino. No quiero estar gorda.
T- Yo no te hablo de estar gorda, sino de recuperar tu peso normal. Recuerda que una cosa es tu peso ideal -el que querrías tener- y otra tu peso biológico - el que te corresponde. Sólo consigues modificar el peso biológico si comes por debajo de tus necesidades o a base de incrementar mucho el desgaste, por ejemplo, haciendo mucho deporte. Tan pronto vuelves a una alimentación normal, recuperas el peso biológico.
P- Entonces, según tú, la cosa no tiene remedio.
T- Pero ¿qué quiere decir que no tiene remedio?
P- Está claro. O estoy delgada y enferma, o como y me pongo como una foca.
T- Ni hablar. Yo no he dicho como una foca. Sólo debes comer lo que necesita tu cuerpo y entonces, es verdad, tendrá unas proporciones diferentes de las que tiene ahora; pero eso no quiere decir que tengas que estar gorda. Y nosotros estamos aquí para ayudarte a recuperar una imagen corporal adecuada. Olvídate de los cuerpos-yogur, de las actrices y las modelos.

Las modelos, las actrices, los cuerpos-yogur de los anuncios de la tele… ¡Olvidarlos! Como si fuese tan fácil. Si no podía pensar en otra cosa. Le tenían comido el coco. Incluso ir al cine se había convertido en una actividad que también la enervaba.
Recordaba la última vez que Claudia y ella habían ido. Ponían Atrapados en la red. Claudia se compró una bolsa de palomitas antes de entrar en la sala; ella no. Hacía ya tiempo que las ignoraba. Es verdad que, una vez dentro, se le hacía la boca agua oyendo a su amiga, que parecía un ratón y que no paró de rumiar palomitas hasta que se terminó la bolsa.

Cuando terminaron los crec-crec, se olvidó un rato de las ganas y del olor tostado y salado del maíz florecido, y se concentró en la película.

Pero el interés por QUÉ hacían los actores y actrices y CUÁL era el conflicto que tenían se le fue achicando porque otro interés le martilleaba el cerebro hasta colonizarlo totalmente: CÓMO. ¿Cómo eran las actrices? ¿Estaban más gordas que ella, menos gordas o igual de gordas? ¿Cómo les quedaban los pantalones? ¿Muy ajustados o flojos? ¿Se les notaban los pechos? ¿Eran planos, eran como manzanas o eran como melones?

- Buenísima - suspiró Claudia cuando se encendieron las luces.
- ¿Sandra Bullock?
- ¿Sandra Bullock? Ay hija, ¡que burra eres! La película.
- ¡Ah!, ¡la película!
- Entonces, ¿qué hemos venido a ver si no? ¿Las tetas de la Bullock?
Claudia le clavó una mirada de… ¿desprecio?, cuando ya salían a la calle.
- De verdad que a ti te falta un tornillo -sentenció.

Fragmento de la novela Billete de ida y vuelta publicado el 19 de Octubre de 2010 en el blog de Alimentación y salud de Universia.