sábado, 15 de mayo de 2010

Neandertales del siglo XXI

En una entrevista, el pneumólogo Josep Morera habla de la relación entre tabaquismo y enfermedades respiratorias y cuenta que hasta 1880 sólo se habían descrito 300 casos de cáncer pulmonar, pero que a partir de ese momento, cuando el tabaco pasó a elaborarse de forma industrial, el número de tumores se disparó, aunque no fue hasta 1950 que un estudio médico vinculó hábito y dolencia. Entonces, las tabaqueras se lanzaron al ataque y, al no poder refutar esa evidencia, crearon un instituto de investigación cuya principal labor consistió en generar confusión asegurando que no estaba demostrado su poder cancerígeno.

Después de leer el texto, me doy cuenta de que la táctica "tinta de calamar", que consiste en enturbiarlo todo para que se desconozca la realidad, debe de haber funcionado de manera habitual en relación con todas las drogas, ya que la percepción que la ciudadanía tiene de ellas guarda poca relación con sus efectos reales.

Si en la década de los setenta el consumo de drogas prohibidas se asociaba principalmente con la heroína y se consideraba propio de personas sin instrucción o, cuando menos, una actividad transgresora, actualmente mucha gente juzga su consumo glamuroso y lúdico y considera que quienes lo denostan son pusilánimes sin remedio. Así, no puede sorprender que, de los 6.802 análisis de droga (alcohol aparte) que los Mossos d'Esquadra realizaron a conductores en 2009, el 65% diera positivo. Las más consumidas por esos individuos interceptados eran el cannabis (60,7%) y la cocaína (28,07%), drogas que a muchas personas les parecen caramelos de menta.

Sin embargo, como ocurre con el tabaco, actualmente sí tenemos datos sobre los efectos devastadores que las substancias psicoactivas tienen sobre nuestro cuerpo, sobre nuestro ánimo y, más aún, sobre nuestro cerebro, porque éste, ahora, podemos conocerlo mediante las imágenes obtenidas por resonancia magnética y comprobar, así, las alteraciones que sufre.

Las drogas, alcohol incluido, actúan sobre el responsable de nuestras emociones: el sistema límbico, en el que se hallan los centros de recompensa y los centros de castigo, que resultan inutilizados; unos -los de recompensa-, al ser sometidos a una activación muy directa, para la que no están preparados, que impedirá que reaccionen ante estímulos naturales (comida, sexo...); otros –los de castigo-, porque se ponen en marcha en cuanto empieza la tolerancia a la droga, con lo que la persona adicta ya no la toma para experimentar placer sino para evitar sentirse mal.

Por otro lado, el sistema límbico interactúa con la corteza prefrontal, la encargada de dirigir nuestra conducta para conseguir objetivos. Ambos trabajan a la par, excepto si uno de los dos tiene problemas. Muchas drogas inhiben el córtex prefrontal, por lo que el sistema límbico acaba yendo por libre. Por ejemplo: una pareja de adolescentes (vale también para adultos) se emborrachan y, después, practican sexo sin tomar precauciones. Desde luego, esta situación puede ser puntual pero, a la larga, la adicción provoca alteraciones permanentes en los circuitos y, entonces, las emociones dominan la conducta.

En definitiva, tomar droga nos hace regresar a nuestros orígenes evolutivos, a ese "homo neandertalis" que, según hemos sabido recientemente, nos ha legado entre un 1% y un 4% de ADN, y que, según los especialistas, debía de tener menos desarrollada la capacidad de razonar, planificar o controlar la conducta, ya que su frente oblicua tal vez no permitía alojar una corteza prefrontal del mismo tamaño que la del "homo sapiens".

Dado que la edad media de inicio de consumo en España se sitúa sobre los 15 años para el cannabis y la cocaína, y que, de la población entre los 14 y los 18, más del 20% ha consumido el primero y un 6% ha probado ya la segunda, quizás deberíamos poner en marcha un sistema eficaz para alertar del peligro de la droga sobre los cerebros adolescentes. O eso o admitir que nuestra especie puede tener comportamientos propios del Neandertal.
Artículo publicado en El País el 15 de mayo de 2010.

6 comentarios:

Esperanza dijo...

Hola Gemma, gracias por este artículo.

Yo pertenezco a ese escaso por ciento de los/las jóvenes que no consume drogas. Sin embargo, tengo personas muy cercanas a mí que consumen cannabis. Y lo consumen como algo tan normal como puede ser respirar. El caso es que uno de ello tiene un comportamiento muy visciral. Así que cuando he leido el artículo en lo primero que he pensado es en esta persona y en su comportamiento, al que ya he encontrado explicación.

Lo primero que haré al ver a esta persona, es intentar que lea el artículo.

Mil gracias por este artículo, espero que me sirva para hacer un clic en la conciencia de esta persona y cambie sus hábitos.

edhelday dijo...

Comienzo declarando que soy consumidor regular de café, alcohol y ocasional de cannabis. Además, excepcionalmente he probado opio, cocaína, psilocibe cubensis, y salvia divinorum, y no me volví adicto a ninguna de éstas.

Agradezco que haya incluído el alcohol y el tabaco entre el conjunto de las drogas, más allá de la insignificancia de su estatus legal. Es llamativo que la ONU ha tenido varias definiciones para la categoría de "drogas", a medida que se endurecía su prohibición, o sea que incluso en esto es difícil ponerse de acuerdo. ¿cómo vamos a ponernos de acuerdo en cuáles estudios sobre las drogas son fiables y cuáles no? porque desde luego hay estudios para todos los gustos.

Pero es denostable esa actitud, esa idea de que las drogas son una entidad homogénea, un ser malévolo que nos daña con el simple contacto, incluso la denomina usted la droga, en clamoroso singular, como si no estuviéramos hablando de una amplia variedad de sustancias inertes, muchas de ellas notablemente diferentes entre sí.

Cuando habla del sistema límbico declara que muchas drogas lo inhiben, pero como no las concreta, en realidad está atribuyendo ese efecto a todas, además confunde tolerancia con síndrome de abstinencia, no sólo como si tuvieran algo que ver entre sí, incluso como si no variaran de una sustancia a otra. (y con la adicción hace lo mismo). Baste el ejemplo del cannabis que, entre otras cosas, está indicado para enfermos de sida y cáncer por antiemético y estimulador del apetito, parece que lo contrario de lo que atribuye usted a las drogas en general.

En cuanto al tema del 1-4% de genes de neanderthal en el homo sapiens, tampoco le veo mucho sentido, ¿cómo relaciona las diferencias entre nosotros y ellos precisamente por los genes que compartimos? ¿insinúa que a los consumidores de drogas les aumenta el ratio de genes de neanderthal? ¿y qué pensar del 90% de genes que compartimos con los monos?

Respecto a los controles de tráfico, es importante señalar que las pruebas de saliva dan positivo por cannabis incluso días después de haberlo consumido, por lo que se puede multar a un conductor por haber consumido(en su casa y sin representar peligro para nadie) y no por estar bajo los efectos de la sustancia. Debemos exigir que se especifiquen niveles mínimos de embriaguez para cada sustancia, igual que con el alcohol, pues es únicamente la alteración de la psicomotricidad lo que se debe multar.

Sobre los casos de cáncer pulmonar, hubo otro artículo que se fabricó masivamente con la industrialización: Los vehículos a motor, y con ellos uno de los agentes que más ensucia nuestra atmósfera. No digo que el tabaquismo no haya causado cánceres, pero no se lo puede considerar lo único que los provoca.

En lo que estamos de acuerdo es en que no es bueno para las personas consumir ninguna droga hasta la edad adulta. Aunque no comparto las causas/consecuencias que Vd. les atribuye, además pienso que precisamente el hecho de haber prohibido las drogas contribuye a adelantar las edades de inicio.

Espero que mi comentario le mueva a precisar más, porque no hay mejor modo de enturbiar el tema de las drogas que defender la idea de que son todas iguales en efectos y consecuencias, o peor, que son un mismo ser, dotado de maligna voluntad.

El Panchi, Associació Cannàbica dijo...

Buenas Gemma.

Por el tono de tu artículo doy por hecho que NO publicarás este comentario, pero aún y así, al menos tendrás que leerlo, si no todo, una parte.

Empezando por el principio, comentas que "hasta 1880 sólo se habían descrito 300 casos de cáncer pulmonar, pero que a partir de ese momento, cuando el tabaco pasó a elaborarse de forma industrial, el número de tumores se disparó" y, evidentemente, culpas de ello al tabaco, no a las tabacaleras ni a las adulteraciones que realizaron sobre la planta para conseguir "captar" y "fidelizar" a más clientes. Una visión ligeramente parcial, ¿no te parece?

¿Podrías decirme como está el índice de tumores entre las tribus que (todavía) utilizan el tabaco que extraen directamente de la planta? ¿Tabaco sin adulterantes? Imagino que no.

Según tú, lo único que han hecho mal las tabaqueras ha sido crear un "instituto de confusión". Bueno... es una visión del tema, pero algo más de información te vendría de perlas.

No pretendo, ni mucho menos, fomentar el uso del tabaco o de cualquier otra substancia, pero sí que quede clara la responsabilidad de cada uno en este tema.

Continuas quejándote de la táctica "tinta de calamar", pero no tienes mayor problema en subirte al carro de dichos calamares cuando afirmas que "Las drogas, alcohol incluido, actúan sobre el responsable de nuestras emociones [...] los de recompensa-, al ser sometidos a una activación muy directa [...] que impedirá que reaccionen ante estímulos naturales (comida, sexo...)".
Es evidente que pretendes meter en el mismo saco a todo tipo de drogas, como si todas ellas provocaran el mismo efecto, y hasta tú debes conocer las evidentes diferencias de efectos entre, por ejemplo, el alcohol y la cafeína.

El Panchi, Associació Cannàbica dijo...

Ya puesta, podrías acabar de explicar que quieres decir al escribir "Por ejemplo: una pareja de adolescentes (vale también para adultos) se emborrachan y, después, practican sexo sin tomar precauciones. Desde luego, esta situación puede ser puntual pero, a la larga, la adicción provoca alteraciones permanentes en los circuitos y, entonces, las emociones dominan la conducta.".

Dejando a parte que el párrafo es confuso en grado sumo... ¿Sugieres que si uno se emborracha y tiene sexo sin precauciones, si sigue emborrachándose, a la larga, siempre lo hará sin precauciones?

¿O pretendes afirmar que, con el tiempo del uso de drogas la persona dejará de controlar su conducta y será presa de sus pasiones?

En cualquiera de ambos casos, la estupidez de lo afirmado es evidente. Sigmund Freud era consumidor habitual de cocaína (que obtenía legalmente de una farmacia) y nunca destacó por "dejarse llevar por sus instintos", por citar un caso.

Te preguntas en tu artículo como es posible que la población tenga esa percepción tan "light" de las drogas, y, si me lo permites, te lo explicaré.

Durante años, gente como tú, seguramente cargada de buenas intenciones, se han dedicado a gritar "¡Que viene el lobo!" con el tema de las drogas, y, al igual que ya se hizo con la masturbación hace mucho más tiempo, se nos dijo que con solo fumar un porro casi estábamos firmando nuestra sentencia de muerte.

Lamentablemente para vuestros intereses, las mentiras son difíciles de mantener, y la verdad se defiende sola, así que algunos ciudadanos decidieron cruzar esa frontera y vieron que la mayor parte de lo que proclamáis es, sencillamente, mentira.

El Panchi, Associació Cannàbica dijo...

Y ese ha sido un error muy grave por vuestra parte, por que es indiscutible que hay una parte de verdad en vuestro mensaje. Las drogas NO son, en ningún caso, caramelos de menta, y su uso implica riesgos que el consumidor debe conocer y, si así lo desea, asumir.

En cambio, ahora, el consumidor rechaza, directamente, casi sin análisis, todo lo que viene de los "estamentos oficiales", ya que, si ya mentisteis una vez, ¿Porqué no otra? Lo que invalida gran parte del mensaje de precaución siempre indispensable al tratar con estas substancias y dificulta la labor de muchas organizaciones que realmente pretenden hacer las cosas bien.

En un alarde de simplismo casi preocupante, no tienes problemas en acusar a "las drogas" de gran parte de los males actuales y futuros de la sociedad, sin pararte a pensar en como funcionaba esa misma sociedad cuando las drogas se vendían en las farmacias de forma totalmente legal, lo que demuestra tu total desconocimiento sobre el tema y que, no nos engañemos, tu trabajo es publicar artículos, sean de esto o de aquello, siguiendo, eso sí, una "línea editorial", y claro, todos tenemos que llenar la nevera. Lo comprendo.

Lo que no comprendo es como alguien, que dice ser "defensora de los derechos de las personas que han sido relegadas a la periferia del poder" tiene la desfachatez de escribir semejante artículo.

¿Por qué no hablas del ataque frontal que supone la actual política sobre drogas respecto a los derechos individuales de cada persona?

¿Por qué no hay ni una sola línea analizando la perversión del derecho romano que supone el hecho de que la figura de agresor y víctima recaigan en la misma persona al hablar de drogas?

Y esto son solo dos puntos de partida.

Pero resulta más fácil y (sobretodo) barato ponerse a redactar un artículo con las cuatro cosas que has oído por ahí que documentarse (¡uf! ¡Que faenón!) y ofrecer el mayor número de puntos de vista posible para que sea el lector el que decida su posición libremente.

Si resulta que tienes razón y eres la "defensora de los derechos"... estamos apañados.

Saludos.

elcuarto dijo...

Hola Gemma,
Mi visión sobre las drogas difiere bastante de la tuya, además de la que tienes de los neandertales,de cuya ascendencia (http://www.elperiodico.com/default.asp?idpublicacio_PK=46&idioma=CAS&idnoticia_PK=711421&idseccio_PK=1477) no me siento avergonzado.

Fíjate que consumo cannabis casi a diario, LSD y Psylocibe Cubensis una vez cada mes o dos meses... y me han formado en buena medida(cualitativa y cuantitativamente).