sábado, 10 de abril de 2010

Una oportunidad perdida

Me tiene furiosa y anonadada a partes iguales el alud de noticias sobre casos de pederastia perpetrados por eclesiásticos católicos; casos sin fin, que tuvieron lugar hace años –lo que no significa que en la actualidad haya sido corregida esa perversión- y que han ido aflorando en distintos países, desde Estados Unidos hasta la Roma pontificia.

Me pregunto qué mecanismo tan perfecto tiene la Iglesia Católica que ha permitido a todos estos predadores sexuales actuar a sus anchas sin que nunca hasta ahora hayan quedado expuestos a la luz pública y al peso de la ley. Y, sobre todo, qué impulsa a todos estos hombres a abusar sexualmente de esas criaturas que les confían tantas familias, esas mismas familias a las que defienden encarnizadamente en las manifestaciones.

Muchas voces se han alzado para señalar el celibato de la curia como el factor desencadenante de tal depravación. Francamente, el argumento resulta cogido por los pelos. Una esperaría que, puesto a transgredir el imperativo de castidad forzosa, un hombre de fe se relacionara sexualmente consigo mismo, con otros hombres e, incluso, mujeres (!), pese a que secularmente se las haya visto como seres diabólicos. Permítanme un ejemplo un poco bruto: pensar que el celibato puede desembocar en la pederastia es tan absurdo como creer que el hambre puede llevar al canibalismo teniendo otros alimentos a mano.

No creo que sea la abstinencia sexual forzada la que empuja a ciertos curas a la pederastia. Más bien creo que hombres con tendencias pederastas se apuntan a una institución en la que abundan las criaturas y que garantiza la impunidad.

Algo parecido, pienso, ocurre en la política de nuestro país: personas con ansias de acumular dinero rápido se suben al carro del poder, desde el que podrán mangonear, impunemente si el partido no reacciona con rapidez. Y es que sería ineficaz que alguien con esas tendencias decidiera dedicarse a la ciencia o a la jardinería, pongamos por caso, ya que ninguno de los dos campos proporciona herramientas ni trampolines para la corrupción masiva; ésa que desemboca en relojes de tres mil euros, palacetes renacentistas o carísimas pinturas en el baño.

Inevitablemente, me viene a la memoria una imagen de Humbert Humbert, el seductor de nínfulas, que Navokov clava en su inigualable Lolita: "Parezco una de esas infladas arañas pálidas que se ven en los jardines viejos. Sentadas en medio de la tela luminosa y sacudiendo levemente tal o cual hebra. Mi (la cursiva es del autor) red está tendida sobre la casa toda, mientras aguzo el oído desde mi sillón como un brujo astuto”.

Así, como una araña en su tela, imagino a esos curas abusadores y a los corruptos de la trama Gurtel.

Sin embargo, la similitud entre curas abusivos y políticos podridos no se limita sólo a elegir una institución que, desde el poder –sea por la fuerza que, se supone, confiere hablar en nombre de Dios, sea por el cambalache de favores que permite el sujetar las riendas de la Administración pública-, beneficie sus intereses, sino que aún existen otros parecidos.

En primer lugar, unos y otros se muestran convencidos de que, cometan las barbaridades que cometan, no los pillarán, y si los pillan, nada ocurrirá.

Y, en segundo lugar, unos y otros suscitan el mismo silencio cómplice. Las altas jerarquías, se llamen Benedicto XVI o Mariano Rajoy, prefieren mirar hacia otro lado esperando a que escampe y atribuyen todas las denuncias a “rumores infundados” o a supuestas campañas orquestadas en su contra. Pierden así la oportunidad de hacer notar que unos cuantos pederastas o unos cuantos corruptos no representan a toda su institución. Y, por supuesto, la oportunidad -¿y la obligación?- de mostrar el debido respeto a las víctimas y a los hombres y mujeres de a pie.

Desde luego, si al juez Garzón le sientan en el banquillo de los acusados mientras los de la trama Gurtel o los curas pederastas se van de rositas, será cuestión de ir pensando en hacer las maletas. O eso o nos levantamos en pie de guerra.

Artículo publicado en El País el 10 de abril de 2010.

4 comentarios:

Jessica dijo...

No tan rápido...

No creo que sea la abstinencia sexual forzada la que empuja a ciertos curas a la pederastia. Más bien creo que hombres con tendencias pederastas se apuntan a una institución en la que abundan las criaturas y que garantiza la impunidad.

No te lo niego del todo, pero no creo que sea la situación mayoritaria. Más bien sí que estoy de acuerdo con la postura de que personas con una fe profunda y sincera se introduce en la Iglesia y el celibato obligatorio les acaba trastornando sexualmente, pero es que hay que tener en cuenta EL MIEDO a que eso se difunda.

A ver si consigo explicarme: Al mantener relaciones consentidas con un adulto, para los que están obligados a ser célibes existe una simetría de información, ambos saben que lo que hacen es incorrecto, y de esta forma la persona que no es "libre" de mantener esas relaciones puede tener el miedo a que la otra persona traicione la confianza y ser víctima de un posible chantaje que le arruine la vida "por un polvo". El sacerdote en este caso está en una posición de inferioridad respecto a su pareja sexual, pues si esta decide desvelar la relación prohibida, le puede causar problemas.

En cambio, entre un adulto y un niño inocente no existe simetría en la información, el niño no sabe que el sacerdote que abusa de él está haciendo algo malo o algo no permitido y por lo tanto el sacerdote está en una posición de superioridad y el riesgo de ser descubierto es menor.

Creo que por eso la abstinencia sexual forzada es causa de muchos casos de pederastia, para dar salida a las pulsiones sexuales humanas. Vamos, que no es tanto la ausencia o no de sexo o las posibilidad de conseguirlo, como las consecuencias que les puede acarrear si se conoce públicamente que no han respetado el voto de celibato los que les lleva a ello. La clave no está únicamente en la abstinencia sexual como en la palabra "forzada".

De ahí que numerosas opiniones crean que, de acabar con el celibato, se reducirían (probablemente NO se acabarían por desgracia) mucho estas aberraciones.

Esperanza dijo...

¡Hola Gemma!

Me encantó el artículo, sin embargo siento que me encante porque hablas de cosas realmente horribles... pero es así, me encantó porque dices grandes verdades.
Sería genial que no existieran estas atrocidades y no tuvieras que escribir sobre ellas ¿verdad?
Pero ya que esta es la realidad y existen... ¡levantemonos en pie de guerra!

Josegura dijo...

Estos peperos tienen menos vergüenza que el Papa Ratzinger con los casos de Pederastia. 290 tomos en los que el Tribunal de cuentas da fe del robo, del latrocinio, del enchufismo, el desfalco, el abuso de poder y de autoridad. 50.000 folios detallan el calibre del abuso de estos católicos del cepillo: 128 empresas implicadas, 71 de las cuales son españolas. 6.000.000 de euros en las islas Caimán, declaraciones que implican a Aznar, en la adjudicación del AVE de Zaragoza y la boda de su hijita.
Las palabras de Dolores de Cospedal "aquí no hay miedo a nada" indican la falta de vergüenza extrema que desarrollan estos chorizos y desfalcadores. Todavía hoy se premia el despachito de Bárcenas en la cede de Génova y su puesto de Senador. Se mojan en este escrementicio asunto el PP gallego, el PP de Madrid, el PP de Mallorca y el PP de Castilla León. La propia presidenta de la Comunidad de Madrid se coloca una clavellina de color verde en la solapa de su chaqueta y sale de chulapona por la Gran Vía. Este partido de fachas, retraídos, aplaudidores de la pederastia y chorizos pretende dar ejemplo de moralidad. Yo los mandaba a la cárcel, por mangantes. Ah, se me olvidaba lo del caso Palma Arena. Jaume Matas acusado de múltiples robos paga 3 millones de euros y ya está en la calle. Otro chorizo con corbata. Un fuerte abrazo Gemma.

GRÀCIA PALOU dijo...

I lo més greu de tot, és que aquests delictes no es penalitzaran. Potser l’església esta perdent poder, però en continua tenint i molt.