martes, 6 de abril de 2010

Mujer: sujeto y objeto

Jamás he sido partidaria de los cánones de ningún tipo, que, por parciales y sesgados, no deberían constituir un modelo y, sin embargo, no sólo lo pretenden sino que, a menudo, incluso lo consiguen. Lo cierto es que toda cultura trata, en algún momento, de establecer su canon. Ésta es la razón por la que recibo un cuestionario de la Institució de les Lletres Catalanes, que quiere recabar la opinión de gentes de letras para elaborar el de la literatura catalana.

Por curiosidad me leo los títulos de los distintos apartados: (1) clásicos de la literatura catalana, (2) literatura catalana actual, (3) traducción, (4) literatura y género y (5) literatura infantil y juvenil. El incomprensible punto 4 se explica más adelante así: "indique hasta cinco obras escritas por mujeres".

Me quedo pasmada. Había presupuesto que las mujeres escritoras estábamos comprendidas en los puntos 1, 2 y 5, pero, por lo visto, formamos un grupo aparte. Es decir que la ILC hace suya esa estrafalaria etiqueta que segrega la de mujeres de la literatura en general.

Nunca he entendido el significado de ese epígrafe. Tal vez se refiere a la que escriben las mujeres. Sería algo parecido a literatura de negros o literatura de homosexuales, conceptos que, por cierto, a veces se mencionan –con desprecio- en los cánones. La llana distinción por sexo, sin duda, resultaría legítima, sólo que no hay equivalente para la que hacen ellos. Nunca he oído decir que Narcís Comadira o Javier Marías hagan "literatura de hombres".

Entonces, a lo mejor la etiqueta se refiere a la literatura que habla de las mujeres y sus experiencias. Sin embargo, Moby Dick o Ardor guerrero son novelas que narran vivencias exclusivamente masculinas y nadie las clasifica en un subgrupo particular.

Quizás, la etiqueta describe las obras que leen las mujeres, lo que sería un error mayúsculo ya que los hombres pueden leer lo que les plazca sin que nadie haga ninguna referencia a ello.

Sea cual sea el significado, el problema de esa etiqueta es que abunda en la idea de que lo masculino es universal, mientras que lo femenino es particular; idea que deriva de una visión androcéntrica, de un mundo cuya medida de todo es el varón. Por poner un ejemplo que resulta, creo, muy ilustrativo: en los años de la dictadura se hablaba de hijos legítimos e ilegítimos, calificativos que, sin duda, únicamente podían salir de la mente de los hombres, ya que para una mujer todos los hijos e hijas son iguales.

Consecuentemente, es una aberración seguir hablando de literatura de mujeres. La literatura es literatura y punto. Puede ser buena o mala, pero esa es otra cuestión que nada tiene que ver con el sexo de quien escribe; aunque a menudo se utilice la etiqueta "literatura de mujeres" como sinónimo de mala literatura.

Por otro lado, es obvio que lo contado por las escritoras a menudo difiere de lo narrado por ellos, y es lógico; han sido socializadas de otra forma y responden a roles distintos, por lo que disfrutan de algunas experiencias propias que hasta no hace mucho apenas se reflejaban en los libros. A propósito de este fenómeno escribía Virginia Woolf en su ensayo Una habitación propia: "Si la mujer no tuviera más existencia que la revelada por las ficciones que los hombres escriben, una se la imaginaría como un ser de gran importancia; muy variable; heroica y egoísta; espléndida y sórdida; infinitamente hermosa y extremadamente fea; tan grande como un hombre, quizás aún mayor. Pero esto es en las novelas. En realidad, la encerraban con llave, la golpeaban y la arrastraban por el suelo. Surge un ser compuesto y muy raro: imaginativamente de la mayor importancia; en la práctica, por completo insignificante."

¿Se imaginan una Emma Bovary confesándonos el fiasco de ese matrimonio pensado para escapar del aburrimiento y justificando la necesidad de un amante? ¿No creen que resultaría una lectura apasionante? Que las mujeres impregnen la literatura con su mirada propia es y debe ser un compromiso más del camino hacia la igualdad.

Artículo publicado el 3 de Abril de 2010 en El País.

No hay comentarios: