sábado, 6 de marzo de 2010

Lo que todavía falta

El próximo 8 de marzo se conmemora, como cada año desde la primera década del siglo XX, el día internacional de la mujer trabajadora (un adjetivo que tal vez esté de más, ya que la mayoría lo son). Ese día reconoce la lucha de las mujeres en la reivindicación de sus derechos y libertades como personas y como ciudadanas y recuerda que, incluso en los países más avanzados, todavía queda mucho por hacer en ese sentido.

En cien años, las mujeres españolas hemos conseguido el derecho a votar, a la formación universitaria, al control de la fecundidad, a la libertad sexual, al trabajo remunerado, a tener y a administrar nuestros propios bienes; logros innegables, pero con muchas grietas -poca representatividad femenina en los escalafones más altos de la vida pública, tres veces más paro entre las universitarias que entre los universitarios, niveles salariales más bajos y, consecuentemente, mayor exposición a la pobreza para las mujeres, escaso reconocimiento de todo lo que hacen o dicen ellas…- por las que resbala esa anhelada igualdad.

A mi modo de ver, el siguiente frente en la lucha por la no discriminación femenina es la repartición al 50% de todas las tareas comprendidas en lo que se conoce como el tiempo del cuidado, dedicado al hogar, las criaturas, las personas enfermas y las ancianas.

Y es que del actual desequilibrio en este repartimiento se derivan, para las mujeres, otros: jornadas laborales a tiempo parcial, menor posibilidad de promoción, salarios más bajos, puestos de trabajo menos estimulantes y más precarios…

Los varones pueden y deben ocuparse, entre otros, del cuidado del hogar y las criaturas no sólo a partir del divorcio, como reclaman las plataformas de padres separados, sino también y sobre todo desde el mismo momento en que van a vivir con su pareja. Por ello es bastante incomprensible que esas mismas plataformas que reclaman la custodia compartida no exijan también el permiso de paternidad obligatorio. Sería lo lógico, ¿no?

Habrá quien considere que los varones, como machos de la especie, no están preparados para ocuparse de la prole y que el instinto maternal sólo es femenino. Y, desde luego, biológicamente son las mujeres quienes están capacitadas para gestar y parir las criaturas, proceso durante el cual los varones sólo participan de manera vicarial. Precisamente esa diferencia de rol biológico ha sido el argumento utilizado a lo largo de los siglos para mantener a las mujeres como cuidadoras, lo que no ha hecho más que reforzar este aparente instinto. Y es que ahora ya se sabe que el tal instinto maternal no es más que la liberación de oxitocina, una hormona que favorece el apego.

A muchas mujeres, la oxitocina les entra en tromba en el torrente sanguíneo durante el parto o con la subida de la leche y, saturadas por la hormona del amor, la interpretan como el famoso instinto. A otras, sin embargo, la oxitocina no se les libera de forma brutal sino lentamente a lo largo de los primeros meses de ocuparse del retoño. Exactamente como les pasa a los hombres que deciden compartir a medias con su pareja el rol de cuidadores de la prole desde el nacimiento. Es decir que la cultura está llevando a los varones a experimentar el instinto maternal. Y es que nuestra especie, el homo sapiens, ha evolucionado más por la selección cultural que por la natural, lo que es un caso único entre todas las especies animales. Un ejemplo de ello sería el control de la fecundación por parte de la hembra, es decir, el uso de los medios anticonceptivos.

Cuenta el antropólogo Eudald Carbonell en su libro El sexe social, que cuando disminuye el dimorfismo sexual (y en el caso de la especie humana es muy reducido), "se equiparan los roles sociales y culturales entre ambos sexos, y crece la complementariedad y la simetría en las relaciones entre el macho y la hembra."

Un paso más en esa evolución y en esa equiparación de roles, que nos mejora como especie, sería sin duda que los varones se incorporaran sistemáticamente al tiempo del cuidado.

Artículo publicado el 6 de Marzo de 2010 en El País.


4 comentarios:

Esperanza dijo...

Creo que ha sido el artículo que me mas me ha gustado de los que he leido Gemma. Quizá porque he aprendido muchas cosas, argumentos que me serviran para la próxima vez que me digan: "¡Pero si ya hay igualdad!"
Gracias Gemma por enseñarme tantas cosas.
¡Saludos violetas!

Mª Angeles dijo...

Querida Gemma,

Estoy completamente de acuerdo con el análisis que haces sobre las tareas pendientes, pero qué podemos hacer las mujeres si son los hombres quienes deben incorporarse a unas tareas que social y culturalmente están tan minusvaloradas y menospreciadas. Si eso les va a suponer renunciar a la libertad de movimiento, a ganar más, a tener todo su tiempo para ellos, etc. ¿se van a meter? Efectivamente sólo lo hacen cuando esos bienes nada tangibles del cuidado se materializan en pérdidas manifiestas durante el divorcio.

Tengo a amigas que han decidido ser madres, y de repente les ha caido todo el peso de la cultura machista sobre ellas. Ellas me dicen y yo lo veo cómo la maternidad repercute en pérdida de libertad, que para nada tiene que ver con el hecho de haber parido, sino con los significados sociales construidos en torno a la maternidad, es decir, a lo que se espera de ti como mujer-madre. Creo que las mujeres debemos romper con esos mandatos y atrevernos a ser "malas" mujeres.

Me ha encantado el análisis que haces del instito maternal y de la interpretación cultural que se hace de la oxitocina. Yo debo haber tenido los niveles de ésta siempre bajíiiiisimos a juzgar por mi interés por los bebés de mi especie!! jajaja

Besos y gracias por el artículo, interesante y acertada reflexión

Francisco Ortiz dijo...

A la sociedad le vendrá bien ver al padre como agente útil en la casa, y muchos padres descubrirán que cuidar de los hijos, estar más cerca de ellos, les enriquece enormemente.

Guti dijo...

"Los varones pueden y deben ocuparse, entre otros, del cuidado del hogar y las criaturas no sólo a partir del divorcio, como reclaman las plataformas de padres separados"

Me parece que sería estupendo que fueras capaz de escribir un artículo sin menosprecios, sin sexismo, sin faltas de respeto tan palmarias. Sin hacer daño gratuitamente a tantos padres que cuidan y quieren a sus hijos, y que muchas veces sufren también por leyes o situaciones injustas.

A menos que el sufrimiento de una mayoría te haga insensible al de una minoría, o que te parezca que el agravio a unos te faculta para agraviar a otros a tu vez.

Siento no haber venido aquí para aplaudirte. Pero insisto: te reto a escribir un artículo sin generalizaciones sexistas e insultantes hacia los hombres, esos de los que prácticamente la mitad se va de putas, según apuntaste en otra ocasión. Mientras tú no seas capaz de defender tus puntos de vista con respeto, no creo que estés en situación de pedir a los demás un cambio de costumbres.