lunes, 14 de diciembre de 2009

La construcción de la desigualdad

A principios de septiembre, para ayudar a familiares míos a solucionar la complicadísima conciliación entre vida privada y vida laboral, invité a unas criaturas de entre 4 y 8 años a visitar un museo e ir al cine.

En el museo, proyectaban una película de dibujos animados. Una voz en off –masculina- oficiaba de narrador, mientras los personajes, todos varones excepto una reina, exploraban el espacio.

En el cine, se acababa de estrenar Up. Un film de animación ingenioso, al que, sin embargo, se le podía reprochar que sólo presentase dos personajes femeninos: uno, que muere a los tres minutos del inicio y otro, que aparece una décima de segundo antes del final.

Por supuesto, niños y niñas no son conscientes de la "exclusión" de los personajes femeninos, pero el mensaje va calando en su cabecitas: ellos tienen un papel predominante; ellas, secundario, cuando no inexistente.

De la misma forma que, si al llegar a casa, se les proyecta Peter Pan en el DVD familiar, tal vez no serán capaces de repetir lo que los niños perdidos le dicen a Wendy cuando ella está a punto de abandonar Nuncajamás: "No te vayas, por favor. Ahora ¿quién nos coserá los pantalones, nos cocinará y nos dará un beso de buenas noches…?". No lo podrán repetir pero sirve para que niños y niñas vayan aprendiendo los roles.

También les podemos pasar Mary Poppins y les quedará claro que las sufragistas eran unas indeseables, incapaces de entender que su puesto estaba en casa y no en la calle pidiendo el voto femenino.

Dirán ustedes que una y otra son películas antiguas basadas en libros de otros tiempos. En este caso, les propongo que proyecten algunos de los éxitos de los últimos años (Buscando a Nemo, Chicken little…) y comprobarán que, igual que ocurría en Up, no existen ni mujeres ni niñas, sólo un padre y su hijo.

Llegará Navidad y, de nuevo, las familias tendrán dificultades para conciliar, así que, de nuevo, tendré criaturas en casa. Pondremos el televisor y nos tragaremos una ristra de anuncios de juguetes.

Sin estar atenta al contenido, sólo por el color, puedo discernir el público al que se dirigen: los de niñas son de color rosa; los de niños, de colores vivos. Los anuncios para ellas se centran básicamente en fomentar su espíritu maternal (muñecos que lloran, hipan, vomitan o se orinan encima), en recordarles que han venido a este mundo a limpiar (desde mochos hasta planchas) o a estar guapas. Los anuncios para niños suelen relacionarse con la hipertrofia de la agresividad (juguetes bélicos), con la aventura (exploradores), con la velocidad (coches) o, incluso, con el conocimiento. Para remacharlo, la música y el lenguaje también difieren en ambos casos: diminutivos y musiquillas pegadizas, para ellas; voces en off de hombres y músicas marchosas, para ellos.

Ellas van aprendiendo que su lugar está en el ámbito doméstico y que deben ser suaves como los colores y las tonadillas. Ellos, que su lugar está fuera y que deben ser intrépidos, valientes y, si hace falta, hostiles.

Considerando que los niños y niñas españoles de entre 4 y 12 años pasan anualmente casi las mismas horas frente al televisor que en el colegio (960), queda claro que su socialización está íntimamente relacionada con los modelos que les ofrece el medio.

En realidad, las pautas de género las reciben unos y otras de su entorno desde el momento en que nacen: los patucos de distintos colores, la voz más melindrosa para ellas, los vestidos que dificultan el gateo e impiden la exploración del entorno… Y no sólo esos indicadores tan visibles sino que también el lenguaje no verbal, mucho más sutil, se confabula para reforzar los comportamientos que casan con los estereotipos de género. Por ejemplo, la ausencia de respuesta del padre si el niño se acerca a una muñeca resulta un poderoso correctivo.

No olvidemos que el aprendizaje de roles se produce por imitación. Sería estúpido pensar que son sólo las madres quienes inculcan las pautas de género y quienes construyen la desigualdad entre hombres y mujeres.

Artículo publicado en El País el 14 de diciembre de 2009.


4 comentarios:

Mina dijo...

Hola Gemma,

Quant als anuncis de joguines per a nenes, dues angleses han engegat una campanya contra les joguines "roses" i sexistes. El títol ho diu tot: Pink stinks
http://www.pinkstinks.co.uk/campaign.php

Felicitats pel bloc!

ariadna pizarnik dijo...

HOla GEmma:
Absolutamente de acuerdo. Me dolió cuando despues de mostrar a mis hijos sólo cuentos sin roles estereotipados, en el colegio les contaran "los clásicos" y cada vez que salíamos de tiendas me enseñaban zapatos de tacon con brillos y decían "para ti mamá porque eres una princesa"(raro). Me dí cuenta que ya no me veían a mi, si no al estereotipo y qué decir de las pelis,concuerdo absolutamente, no me gusta que crean que nos tienen que rescatar, no me gusta que seamos las acompañantes del protagonista ...es dificil educar hijos en la igualdad cuando el entorno constantemente nos boicotea. Saludos

Pollas Fever dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
rompelacara dijo...

Hola Gemma!

Enhorabuena por tu blog y por toda tu trayectoria.
No podría estar más de acuerdo con este comentario.
Creo que mi indignación crece por días, cada vez que veo un anuncio de juguetes... Me parece increíble que se permita que ciertos anuncios se emitan por televisión y luego campañas de, por ejemplo, Amnistia Internacional sean prohibidas.


Et segueixo!
Fins aviat