miércoles, 3 de junio de 2009

Dos comprimidos y a votar

Colgado en Youtube se puede ver un vídeo de Eva Hache anunciando un nuevo medicamento producido por los laboratorios Pablo Iglesias. Se trata de “Derechil, el primer comprimido indicado específicamente para los desórdenes ideológicos provocados por el exceso de bienestar que, tomado con regularidad, te va recolocando paulatinamente pero sin descanso de nuevo a la izquierda”.

El anuncio hace hincapié, con ironía, en un lema que lleva años paseando entre la ciudadanía y es que ya no existe la derecha ni la izquierda. Vamos, que según sus valedores, da lo mismo votar a un lado del arco político que al otro.

Aplicado a Europa, ahora que estamos a menos de una semana de la cita en las urnas, veamos si es cierto que ya no existen ideologías. Conviene saberlo puesto que actualmente un 60% de las leyes europeas, que en un futuro no muy lejano puede ser el 95%, se aprueban por codecisión entre el Parlamento (elegido por sufragio) y el Consejo (máximos mandatarios y mandatarias de los gobiernos de cada país). Veamos sólo algún ejemplo.

En la legislatura que termina, el Consejo aprobó la directiva de trabajo de las 65 horas, que el Parlamento, con el voto favorable del bloque de izquierda ayudado por algún voto de centro-derecha, consiguió dejar en suspenso. En la próxima legislatura, en función de si el Parlamento tiene una mayoría de derechas o de izquierdas, se aprobará o no el que usted tenga el “derecho” de acordar “libremente” con su empresario trabajar 13 horas al día de lunes a viernes, esto es, de 8 a 22 con una hora para comer.

En la legislatura que termina, el partido popular europeo, pese a haberse llenado la boca con la idea de la igualdad entre hombres y mujeres, ha votado sistemáticamente en contra de todas las propuestas que tienden a concretar dicha igualdad, lo que se traduce, por ejemplo, en una escasa conciencia sobre la necesidad de instaurar o reforzar políticas de ayuda familiar y en una mayor dificultad de las mujeres (sobre quienes recaen aún muchas de estas tareas) para acceder al mercado de trabajo,

Volviendo a la tesis de que sí existe la izquierda y la derecha, se podrían citar otras políticas sociales que lo corroborarían, sin embargo, tendríamos más dificultades para observar la diferencia si focalizamos en las políticas económicas. Por poner algún ejemplo y partiendo de los datos publicados por Vicenç Navarro, catedrático de ciencias políticas y sociales de la UPF, las rentas del trabajo en el promedio de los países de la UE-15 han descendido, aunque el número de asalariados ha aumentado, y han pasado de representar el 68% de las rentas nacionales en 1975 a un 58% en 2005. En cambio, los beneficios empresariales han crecido un 33% entre 1999 y 2006. Por ello, resulta evidente que los partidos situados en la parte de centro-izquierda deberían hacer un esfuerzo por reconducir sus políticas en materia económica y alejarse de las recetas neoliberales y de desregularización del mercado propugnadas desde la derecha. De modo que se recomienda a dichos partidos políticos un tratamiento intensivo y de larga duración de “Derechil Forte”.

Por otro lado, tal vez a usted le importe menos el futuro de la Unión Europea que la disyuntiva izquierda-derecha y haya decidido que no irá a votar. Está en su derecho. El problema es que no existe alternativa: O es Europa o... sigue siendo Europa. Pongamos un ejemplo: el mundo científico. La única posibilidad de tener una ciencia competitiva con la de las grandes potencias actuales (Estados Unidos y Japón) o futuras (China e India) es el trabajo conjunto del continente europeo. Es impensable que un país europeo pueda construir él sólo alguna de las grandes instalaciones (véase el CERN) que la ciencia necesita. O imagínese por ejemplo lo que podría conseguir Europa si aunara fuerzas para conseguir vencer enfermedades como el cáncer o el Alzheimer.

De manera que olvídese de la campaña que en clave local han hecho los partidos políticos, tómese dos de comprimidos de “Derechil” y, por favor, vaya a votar.

Artículo publicado en El País el 1 de junio de 2009.


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