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En català)
El 6 de junio del 2008, Alvaro Marchesi publicaba en El País un artículo que empezaba de este modo: “Desde hace varias décadas, los psicólogos cognitivos han estudiado el razonamiento humano y han encontrado determinados errores en los que caen, sin darse cuenta, un significativo número de personas. En algunos casos, en el origen de estos sesgos operan factores ideológicos; en otros son de tipo afectivo y en el resto, simplemente se produce un razonamiento que se salta la secuencia lógica esperada. Uno de los experimentos reportados para comprobar estos sesgos se refiera a la inferencia general desde los casos particulares: si hay un fumador empedernido, por ejemplo, que vive hasta los 90 años, la conclusión "lógica" es poner en cuestión la afirmación de que el tabaco es dañino para la salud. Cuando se formulan relaciones entre determinadas variables comprobadas de forma empírica, no es extraño que algunos interlocutores las pongan en duda y ejemplifiquen su oposición con algún caso concreto conocido.” (Ver artículo completo en
La vida y MMCC El acceso a la educación, clave de la igualdad).
Si me interesó ese artículo es porque, efectivamente, ese sesgo de razonamiento se da muy a menudo en las cuestiones referidas a las mujeres.
Algunos ejemplos.
1. El lunes 9 de junio en una tertulia radiofónica cito las diferencias salariales entre hombres y mujeres. Huelga decir que es un dato de sobras conocido puesto que los estudios realizados por el Instituto Nacional de Estadística o los del Centro de Investigaciones Sociológicas o el Instituto de la Mujer una y otra vez siguen mostrando esa desviación salarial entre unos y otras. Un oyente manda un mensaje a la radio: “Basta ya de mentiras; en mi empresa todos cobramos igual.”
2. Un amigo me comenta la situación tan injusta para cierto hombre que no ha recibido un determinado galardón. Me dice: “Si hubiera sido mujer, se lo hubieran otorgado, no te quepa duda”. Me entretengo en contar a los galardonados: 15 hombres y 8 mujeres. Queda demostrado que siendo hombre tenía el doble de posibilidades que siendo mujer. Y, sin embargo, sólo por el hecho de que ahora ya hay mujeres en la vida pública parece que sólo hay mujeres.
3. Una mujer me dice que, puesto que ella ha llegado a un determinado puesto laboral con un determinado salario, todas pueden conseguirlo. Y sigue: que las mujeres están empoderadas y para muestra, Merkel. Y yo miro y remiro, busco y rebusco en los periódicos y en los estudios, y más me parecen la excepción que confirma la norma que la norma en sí misma.